Ely Burke, acompañante en una app de alquiler de amigos: “Usualmente no te dicen directamente por qué te contratan, pero por la forma en que se abren, te das cuenta de que se sienten solos”

La escuela, el barrio, las actividades culturales compartidas, e incluso el trabajo son algunos de los sitios donde se asocia generalmente los comienzos de algunas amistades.
Sin embargo, hace años que en ciertos países la amistad se convirtió en un servicio con valor económico. O al menos así se presenta. Es que el aspecto genuino que este tipo de relaciones implican parecieran ir en sentido opuesto a la que busca comprar el dinero.
Más allá de la pregunta acerca de hasta qué punto puede convertirse la amistad en un servicio, hoy existen aplicaciones que permiten buscar compañía para distintas situaciones de la vida cotidiana. Caminar, practicar un deporte, asistir a una celebración, viajar, jugar videojuegos o simplemente conversar son algunas de las posibilidades que ofrecen estas plataformas.
Alquilar un amigo: cuando la compañía se convierte en un servicio
Este fenómeno va ligado al debate creciente en los tiempos que corren sobre la soledad y el aislamiento social. Las aplicaciones de alquiler de amigos aparecen como una respuesta comercial a una necesidad que, durante mucho tiempo, encontró soluciones en espacios tradicionales ya destacados.
El contexto se enmarca en “sociedades líquidas”, según podría decirse en palabras del sociólogo polaco Zygmunt Bauman. Ese concepto parte de que los sólidos, a diferencia de los líquidos, conservan su forma y persisten en el tiempo. Por el contrario, los líquidos fluyen, se transforman constantemente.
Las relaciones poco duraderas son parte de las sociedades modernas. Foto Shutterstock.En su libro “Modernidad líquida” se da a entender que no hay pautas estables ni predeterminadas en esta versión privatizada de la modernidad. Y cuando lo público se disolvió, la construcción de pautas cae sobre los individuos.
Una realidad artificial
En el contexto actual, el trato de la amistad como si fuera una mercancía cobra relevancia. Para especialistas de la salud mental como la psicóloga madrileña Marta Asenjo, pagar por una conversación puede ser de utilidad para quienes no quieren sufrir el rechazo.
Esta modalidad es una forma de evitar lo que ocurre en una relación real. Foto: Shutterstock.“La tecnología nos ha vuelto muy intolerantes a las sensaciones desagradables: a la incertidumbre, a la vergüenza y al miedo al rechazo”, dijo Asenjo al medio El Confidencial. “El alquiler de amigos no cubre solo la soledad, sino que te ahorra todas las emociones incómodas que acompañan a un encuentro fortuito”, sentenció.
A la vez, reconoció un límite en esta modalidad y destacó la falta de un vínculo genuino. “Necesitas exponerte a una realidad natural”, aseveró.
Ely Burke, una “amiga en alquiler”
Ely Burke conoce esa situación desde el otro lado. La joven dominicana, que llegó a España hace unos años, trabaja como amiga “alquilable” a través de una conocida aplicación y contó su experiencia al mencionado portal de noticias.
En alguna ocasión se encontró con situaciones que le generaron cierta incomodidad. Fueron episodios aislados y sin consecuencias mayores, pero estuvieron relacionados con comportamientos que se alejaban del propósito de la plataforma, como una mirada con intención de ligar o un toque furtivo en la rodilla.
La virtualidad como forma de iniciar contactos en la presencialidad. Foto: ShutterstockPara Burke, sin embargo, esos episodios fueron anecdóticos.
“Se presenta desde el que quiere socializar por algo puntual hasta el que, sin darse cuenta, busca un psicólogo y simplemente quiere que lo escuchen“, afirma.
La variedad de situaciones es, justamente, uno de los aspectos que más la sorprendieron.
“Son historias diferentes, con personalidades diferentes, y tú nunca sabes qué te va a tocar; uno de ellos incluso llegó a llorar conmigo y acabamos riendo juntos”, relata.
“Por la forma en que se abren, te das cuenta de que se sienten solos”
La sorpresa de Burke no estuvo solamente en las historias que escuchó, sino también en el perfil de quienes recurrían a la aplicación.
“Eran españoles con raíces; personas jóvenes que no pasaban de los cuarenta“, recuerda.
El sentimiento de soledad fue destacado entre los motivos por los que se usan estas apps. Foto: Shutterstock.No se trataba necesariamente de personas -detalló- que no tuvieran vínculos sociales o que fueran incapaces de conocer gente.
“Y no me llamaban porque no conocieran a nadie. Usualmente no te dicen directamente por qué te contratan, pero por la forma en que se abren, te das cuenta de que son personas que están pasando alguna situación familiar, una amorosa, o simplemente se sienten solos. Al final, aunque no soy psicóloga, por la vivencia te das cuenta de que se sentían solos”, sentenció.
Soledad percibida y aislamiento social: no significan lo mismo
En este punto resulta importante diferenciar dos conceptos que describen situaciones diferentes.
El aislamiento social es una condición objetiva. Se caracteriza por contar con pocos contactos sociales y mantener una frecuencia reducida de interacción con otras personas.
La soledad no deseada, en cambio, es una experiencia subjetiva. Puede aparecer incluso cuando una persona tiene vínculos y contactos, pero considera que esas relaciones no alcanzan para satisfacer sus necesidades emocionales.
Japón y el alquiler de amigos: un fenómeno que lleva años
Aunque la pandemia de Covid-19 contribuyó a que medios de Australia, China e India comenzaran a prestar mayor atención a este tipo de servicios, en Japón el alquiler de amigos tiene una historia más extensa.
Allí existe al menos desde 2009. Una de las empresas pioneras fue Family Romance, que incluso inspiró una película homónima estrenada en 2019.
Su fundador, Yuichi Ishii, relató a The Atlantic algunos de los trabajos más insólitos que realizó como actor contratado para representar el papel de un acompañante en la vida real.
Entre ellos hubo bodas en las que llegó a desempeñar el papel de novio en tres oportunidades.
También ejerció como “padre” de una niña desde que tenía ocho años. Según contó Ishii, la joven llegó a la mayoría de edad creyendo que él era su verdadero padre, aunque permanecía ausente durante buena parte del tiempo.
El acuerdo consistía en pasar juntos un fin de semana al mes. Por ese servicio, Ishii cobraba a la madre casi 200 euros.
La presión de mostrar una vida feliz y llena de amigos
Para el psicólogo social Antonio Rial, detrás de este tipo de comportamientos también puede encontrarse la presión por mostrar una vida plena ante los demás.
La exposición permanente a contenidos en redes sociales puede contribuir a crear modelos de éxito difíciles de alcanzar y objetivos que no necesariamente coinciden con los deseos reales de cada persona.
“Las generaciones anteriores tenían una hoja de ruta muy marcada para vivir una vida plena y lo disfrutaban, pero ahora lo que la gente quiere es ser feliz. Da igual cómo, porque las personas no saben lo que les gusta, saben lo que les debería de gustar, y en ese ‘debería’ se condenan a ser infelices y convivir con la frustración”, sostiene Rial en una entrevista concedida al diario español El País.
Desde su perspectiva, la cuestión no se limita a las aplicaciones de alquiler de amigos. Forma parte de una transformación más amplia en la manera en que las personas construyen sus relaciones y expectativas.
“Ya no existe esta lógica de salir al barrio a jugar”
Rial, catedrático de la Universidad de Santiago de Compostela, considera que las relaciones humanas también están condicionadas por la desaparición o debilitamiento de algunos espacios sociales que antes facilitaban el contacto cotidiano.
En España, señala, cada vez existen menos contextos en los que las personas puedan relacionarse de manera espontánea.
“Ya no existe esta lógica de salir al barrio a jugar con los vecinos, ni siquiera visitar a tus abuelos o a tus primos durante los fines de semana”, esbozó. “Los niños y adolescentes no tienen estos recursos que solían ser naturales y están todo el tiempo online, lo que hace que se sientan incómodos interactuando fuera de la red”.
La explicación de Rial es directa y refiere a que el mercado vende lo que la sociedad demanda: contacto social. Ahora bien, ¿es el dinero la única salida?
Fuente: www.clarin.com



